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viernes, enero 13, 2012

Crisis existencial (a.k.a. 3º de la ESO)

Historias de autobús
Debates profundos agitan la meta-historia de este blog, c.a.d. (c’est à dire), este blog está en una época, digamos, adolescente, de crisis existencial. No sabe qué es lo que quiere, para qué existe, por qué existe, qué es lo suyo y qué no, cuál es su estilo, su objetivo, su público. Lo que desde luego tampoco tiene claro es su nombre. Y bueno, como el que le mete la mano por detrás a este blog y lo hace hablar soy yo, todas esas dudas son mías. Podría hacer una lista sobre las opciones que se me ocurren.

SI algo he visto que es terrible para los blogs es el meta-blogging (que el tema del que hablas en tu blog sea el propio blog). Terrible y hermosamente post-moderno, por supuesto. A todo esto, cerebro post-moderno (enlace). Aunque me tienta la idea del blog del blog como objeto posmoderno (que ya lo ha sido, sin duda (o no (este “o no” es la prueba de que lo sigue siendo (o no))), prefiero hacerlo en otras facetas más divertidas que en la de hablar solo del blog.Así que intentaré intercalar algunas cosas off-blog en este artículo.

(Voy montado en un autobús de semi-lujo. Con Wi-fi y enchufe, reposa-pantorrillas reclinable, donde te regalan agua, dulces, auriculares y los asientos son especialmente anchos y cómodos. Por cuatro euros más que un autobús normal. Eso sí, hay cosas que no cambian nunca: la película que están poniendo es malísima. Le estoy dando vueltas, y no termino de entender por qué está aparentemente prohibido poner películas buenas en los autobuses o trenes. No puede ser porque piensen que van a tener poco público: pongan la que pongan tiene poco público. Tal vez cuesten más baratas. Nah, una peli en blanco y negro de los 50 saldría más barata, aunque fuera muy buena. Al final será por lo de siempre: tratar de mantener bajo el nivel cultural de la gente, hasta de los semi-ricos, para perpetuar un orden económico-social criminal.)

Recapitulando: Podría hacer un blog sobre París, y cosas interesantes de allí. Daría para un blog, seguro. De hecho conozco a una chica que ya tiene uno así: http://noitesparisinas.blogspot.com/ (ella no sabe nada de este blog, qué misterio, lo descubrirá por el enlace que acabo de poner…?). El problema es que no me querré ceñir solo a hablar de París. Por otro lado, podría añadir artículos sobre París entremezclados con los demás y punto.

(En la pantalla del autobús de semi-lujo, Alec Baldwin conversa, tumabado en albornoz en una habitación de hotel, con un tipo que es clavado al presidente de Ecuador, Rafael Correa. Probablemente se trate de un médico, dado que Baldwin acaba de desmayarse tras ver como Meryl Streep se desnudaba para él. Probablemente se trate de una película de alto contenido geopolítico, por lo del presidente de Ecuador. La relación Streep-Baldwin en realidad es solo una metáfora de las incursiones estadounidenses en Sudamérica.)

Rechazando toda lógica en esta enumeración, también está la opción de seguir como hasta ahora. Es decir artículos de…. Eh… Realmente no sabría cómo definir lo que hago. A veces tienen que ver directamente con mi vida, a veces no. A veces son solo escribir por escribir, a veces son “relatos” o algo así. En cierta medida pase lo que pase, seguiré haciendo artículos de esos estilos, así que este tipo no peligra. Pero por otro lado, querré hacer cosas que se salen de este estilo.

(Oh, ahora aparece Steve Martin. Con ese pelo blanco, simboliza, evidentemente, la implicación de Canadá)

Reseñas de cosas. Y “cosas” creo que es lo más concreto que puedo ser. No sé, últimamente me han dado ganas, al salir de una peli, o al terminar de leer un libro. O cosas sobre el mundo en general que me gustaría ver escritas en internet, pero que no están. Por ejemplo, sobre la calidad de las películas de los autobuses creo que no se escribe lo suficiente, sinceramente.

Por cierto, esta canción es maravillosísima: http://grooveshark.com/s/Cantique+De+Jean+Racine+Op+11/4ai78T?src=5 Y cantarla también lo es. Los coros son divertidos, aunque no lo parezca: tú estás ahí viviéndolo y disfrutándolo, pero hay mucha gente así que el que desafina no tienes por qué ser tú.
Política. Tampoco tengo mucho que explicar: me encanta el tema y consumo blogs de política como un loco. Ahora, está por ver que tenga algo interesante que decir. Pero bueno, sobre este tema, siempre puedo intentar enviárselo a estos tipos que todos conocéis: http://mooninhabitants.org/

Podría mezclarlo todo en este blog y poner etiquetas distintas. O aleatorias, como las de este post (que son verdaderas pero inútiles). Lo de abrir un blog para cada cosa me parece descartable: no actualizo uno, voy a actualizar cinco. Y al final, también está el problema del público. ¿Quién va a leer este blog? ¿Le conozco? ¿Solo lo vais a leer vosotros tres? ¿Debo publicitarlo por las diversas redes sociales que han acabado matando a los blogs? (Este es otro tema: sociología internetera) ¿Tendré comentarios? ¿Tiene importancia? ¿Algo de todo esto tiene sentido?

En fin, como diría Millás: todo son preguntas.

miércoles, abril 23, 2008

No fue idea mía, lo prometo. Así que no vengáis pidiéndome explicaciones: no me hago responsable de las patologías psiquiatricas sufridas tras disfrutar de esta obra maestra de la literatura.

Como todas las grandes obras maestras, fue escrita en un autobús. Un autobús lleno de adolescentes, para más señas. Estabamos de vuelta de todo, pero más concretamente de Valencia, como podéis apreciar en la imagen



Como todas las grandes obras, el autor no tenía ni idea de qué estaba hablando. En este caso, la cosa se vuelve aún más esquizofrénica: No solo cada autor no sabía de qué hablaba, sino que además cada autor no sabía de qué demonios hablaba el otro.


Como todas las grandes obras, esta sujeta a continuación. Temblad! (porque las continuaciones no suelen ser grandes obras)

Ah, ah, antes de que se me olvide. Está dividida en tres partes. Cada una la escribió uno de nosostros tres (Edu, Lucía y yo) sin hablar previamente con el otro, aunque leyendo lo que habían escrito los anteriores. Así que aquí viene la parte divertida: Adivinad cuál es la parte que he escrito yo. Las de Edu y Lucía, mejor se lo escribís en sus entradas sobre este tema: esta y ésta


Podría llamar a esta sección " Cuentos de Luciérnagas " o "Experimentos", pero no, prefiero llamarlo "Historias de autobús", porque sinceramente, tengo material de sobra para publicar varias historias bajo esa etiqueta.

Sin más paralelismos, os dejo con la cosa en sí (el noúmeno, vaya) O tal vez os dejo con la representación que vuestra propia mente haga de la cosa... Eso ya según vuestras preferencias filosóficas.



Estela



Se alejaba. Se moría lentamente. Mirando al horizonte (si es que tal cosa existe) consiguió intuir su forma cambiante en la lejanía. Parecía distinta, extraña, como si no fuera la misma que hace tan poco estaba junto a él. Como si el tiempo, o tal vez la distancia (o tal vez ambos: no se podía realizar un adecuado control de las variables) diluyeran su verdadero ser y lo modificaran.

Dejó de mirar atrás. Miró al frente.

Todo era confuso y sin puntos de referencia, aunque no hubiera sabido decir qué era todo. ¿Y? Así nunca moriría, era la angustia de lo ingrávido. Y lo comprendió: una putada. Esa mirada a lo desconocido, como con inocencia, la inocencia de los que han olvidado todo o todavía no tienen algo que olvidar, lo decidió todo.

– ¡No!

Rompió los espejos enfrentados, y supo que esa reminiscencia seguiría ahí, una estela a la que podría recurrir, pero en ese momento importaba más el vacío por llenar.

Cerró los ojos muy fuerte, esperó, viendo los trocitos de cristal roto a su alrededor, y los abrió muy poco a poco.

Oscuras gotas de sangre caliente se deslizaban perezosas a lo largo de lo que quedaba de cristal, e inconscientemente le recordaron a sí mismo: moviéndose entre dos paredes, la indecisión y el miedo, cada vez más cercanas entre sí a medida que se cernían sobre él impidiéndole respirar. Y también esas gotas, esos seres aparentemente inertes que pasaban por la fría superficie por un solo instante dejaban sus propias estelas; llegadas al abismo, una tras otra caían para dejar de formar parte de la homogeneidad del espejo roto. ¿Y acaso podía luchar él contra esa inercia que le empujaba hacia lo que nunca había visto? ¿Era tan distinto de ellas?

Caería por el cristal, sí, lo sabía. Pero sobre él quedaría algo, una marca, una mancha, una estela.

Lo colorearía.